sábado, 18 de octubre de 2008

"Desde el cielo" I

Presentación


La historia que voy a contar no ha terminado. Aún no. No se cómo va a terminar, pues no tengo asegurado el futuro, no soy yo el que lo maneja. Lo maneja alguien más, de un rango superior al mío y al de todos. ÉL lo maneja. Él que está sobre todos nosotros. No lo he conocido y no creo que lo pueda llegar a conocer algún día… No todos nosotros tenemos esa ventura. Él está muy ocupado, atendiendo asuntos más importantes que mis propios problemas, o los de mis compañeros, somos nosotros justamente, los que, por medio de su poder, resuelven los problemas. Bueno, en realidad no todos nosotros, sólo una mínima parte del porcentaje completo resuelve problemas: algunos salvan vidas, otros nos convierten, nos suben de rango o nos destierran, nos hacen firmar documentos, o manejan otro tipo de asuntos, algunos son los secretarios principales de Él, que son los que pueden verlo todos los días y atienden asuntos sumamente importantes. Mi caso es que soy uno de los que velan por las vidas humanas, yo cuido que todo esté en su lugar en ellas y que no halla ninguna irregularidad, soy el que gestiona la rutina de la población, pero no de toda ella, ¡oh no!, sólo en la calurosa ciudad de Miami. Es un buen puesto y estoy muy satisfecho con él (pues me ascendieron a él muy recientemente, según recuerdo hace tres años), no lo hubiera cambiado por nada, además me gusta la ciudad: es muy alegre, hay turistas todo el tiempo y es divertido, siempre un alma nueva por cuidar y conocer…
Pero, ¿dónde están mis modales?, me presentaré: me llamo Pietro y sí, es un nombre raro. Morí a causa de un accidente de auto, hace cinco años, con mis recién cumplidos dieciocho años, lamentable, pero la vida continua, o por lo menos, lo que viene después de ella… Me ascendieron rápidamente porque cuando llegué aquí por primera vez entendí todo, se aclararon todas mis dudas y pude ver con claridad todo y pude volcar toda mi esencia en lo que tenía que hacer (¿qué otra cosa me quedaba por hacer sino?). No sentí dolor por mi muerte, porque había recibido a cambio algo mucho mejor: la felicidad eterna, lo que sí sufrí, fue el dolor de mis padres, que me habían dado todo en vida. Me desmembró el alma por partes presenciar que mi velorio lloraban y que mi madre se desangraba el corazón abrazando el contenedor de mi cuerpo… Luego de cinco años, ellos siguen adelante pero con una herida que nada puede curar y que sigue abierta… Pero me aparezco en los sueños de mi madre de vez en cuando, dándole aliento para seguir, diciéndole que todo saldrá bien y que estaremos todos juntos en la eternidad, por lo que ella despierta esperanzada y alegre…
Todo en la bella Miami estaba perfectamente como debía estar, por lo menos en lo que respectaba a mi labor, todo hasta que un día, una tarde calurosa de Marzo, me encontré con algo, cruzando la calle, que llevó mi alma al espacio…