One night - The Corrs
“Sentada en sillón relleno de algodón espero… ¿qué espero? Pues nada… En realidad no sé que esperar… Este sillón es tan cómodo que podría dormir un rato. No suena mal. Después de todo, sólo dormí pocas horas anoche, por querer observar la oscuridad y luego el amanecer en el balcón. Extraña rutina pero me gusta hacerla. El balcón es… mi “conexión con la ciudad y sus calles”.Pero, en realidad, el motivo oculto de esa rutina es que “nunca se sabe quien puede pasar por tu casa”. Si, eso es. Espero a alguien: espero, espero y espero. Quizás si espero en el balcón me puedo encontrar a alguien, a un ser querido, alguien a quien amo y alguien en particular.
En medio de mi letargo escucho un llamado, una música conocida que me llama. Esa canción, que es un himno para mí, que simboliza mi amor y mi compromiso hacia él, y este me lleva al balcón. Siempre caben esperanzas en mí de que tal vez algún tesoro cruce la calle… Por eso espero, pacientemente. Sentada en medio de la oscuridad y las hojas de los árboles cantando mi himno de amor, aguardo. No molesto a nadie con mi canto porque es más como un susurro que se funde con la brisa que sacude a los árboles que están pegados a la ventana. Los insectos aprendieron a ignorarme. Ya ni siquiera me importa que las hormigas suban por mis pies o por mis manos aunque de vez en cuando un mosquito se molesta en alimentarse de mí.
Mientras canto mi canción veo a los peatones: caras nuevas (siempre son nuevas) con miradas concentradas, idas, tristes, felices o inexpresivas. La mayoría de ellas tienen esta última característica. Por cada alma que pasa, pasa una historia también. Una vida, con sus respectivos sueños y pasiones. Con el paso de las horas, las calles se van vaciando, dejando un paraje desolado y tranquilo.
Pero ahora me encuentro en una situación delicada: camino en el límite entre el canto de amor y promesa o un canto de desamor y tristeza. Estoy a punto de caer en la pena, pero tengo que evitarlo. Tengo que evitar caer… Pero ¿Cómo evitar la ola de dolor que se acerca peligrosamente a mí? Pensar en el a quien le canto puede ayudar por eso imagino las mejores escenas y gracias a Dios el dolor se disipa.
El… a quien estoy honrando, no aparece… Mi visión es limitada al igual que la vista de la calle que tengo disponible. Eso me entristece. No puedo verlo. No aparece… Por eso todas las noches, efectúo mi ritual. Canto el himno de amor y espero, espero pacientemente por esa persona que tanto amo, rezando para que pase. Para que me vea, para que pueda tocarlo, abrazarlo y saludarlo. Para satisfacer a mis ojos con la imagen que hace tanto tiempo que no puedo ver.
Y así estoy: siempre me encuentro ahí, en la oscuridad, cantando y rezando por su deseada aparición, fusionándome con las baldosas hasta la salida del sol…”