domingo 15 de noviembre de 2009

Yo Solamente Me Enamoré

Esta mañana desperté de una forma que jamás había despertado...

Aún flotando entre el sueño y la realidad, estaba conciente de que despertaría. Luego, escuché a un pájaro piar. Ese simple sonido me despertó completamente. Ese simple sonido me hizo plenamente feliz...

Al despertarme, no abrí los ojos. Estaba conciente de la suavidad de las sábanas, en contacto con mis pies, el olor a perfume de las cortinas, el sonido de la televisión al otro lado del pasillo, todo mi entorno.

Estaba feliz; feliz y enamorada.

El día estaba nublado, pero yo lo vivía como si tuviera el brillo del sol en mis manos.

Tenía esperanza y tenía dicha.

Los olores eran más intensos, lo mismo con los colores y las texturas. Quería bailar, bailar para siempre y agradecer a quien haya sido mi creador por existir. Quería reirme, dar besos al cielo, jugar y olvidarme de todos los problemas. No eran bienvenidos en mi burbujas de felicidad...

Me acosté para mi siesta feliz, ansiosa por soñar cosas bellas, imposibles; y ansiosa por despertar a la vez para disfrutar de esa alegría inusual y hermosa.


Al despertar, noté que estaba oscureciendo. Algo no estaba bien en mí... La alegría tan placentera y hermosa se había desvanecido.

Como el paso de una estrella fugáz.

Me sentía enamorada, si; pero descorazonada y triste.

¿Porqué? ¿Acaso estoy enferma? ¿Soy bipolar? Por más preguntas que me hice no podía obtener una respuesta satisfactoria.

¿Qué dije? ¿Acaso dije o hice algo mal?

Las flores perdierón el color, los perfumes no llegaba a mi nariz, y la suavidad de las sábanas me quemaban los pies por la fricción.

Estaba aterrada... Me sentía insignificante y fea. Quizás era la autoestima o quizás es porque estoy asustada por enamorarme.

Ya mismo estoy enamorada y tengo miedo. Siendo algo tan perfecto como una amistad preciosa, tengo miedo de arruinarlo todo. Por segunda vez.

Jamás volveré a confesar mis sentimientos, ellos no se aceptan en ningun lado. Lo sé. Sé que no me va a querer y tengo miedo de pasar por tercera vez ese dolor lacerante de abandono y soledad.

¿Como fué que de un día brillante y alegre pasé a una noche oscura y triste?

Yo solamente me enamoré.

lunes 2 de noviembre de 2009

Solamente Paz

Catarsis... Otra vez.

Advierto que de eso se trata este blog, así que si estan preparados y si tienen la curiosidad suficiente como para leer cosas que algunas personas tacharían de “emo” pues, be my guest...

Esta tarde, el clima gris (aunque a mi me encanta) me pintó el humor con sus colores y me llevó a reflexionar... Cuando hablo de “estar gris” me refiero a que ni la felicidad ni la tristeza me llenan: soy un pedazo de carne tibio que analiza distintos temas -sobre todo los emocionales- con más objetividad que de costumbre.

Esta tarde, me surgió un resumen mental de lo que hasta ahora fué mi caótica adolescencia.

Ahora, todos dicen (o la gran mayoría) que es la mejor edad, que hay que aprovechar, que son etapas hermosas pero recién ahora tengo razones para decir que ESTA etapa, estos dieciséis años cási encima de los diecisiete (cumplo en veintiséis días), es... “aceptable con inclinación a bonita”. Desde el primer año de secundaria sólo recibí razones para decir que esta estapa es un verdadero infierno. Y es que quizás mi mentalidad circula por un camino diferente... No lo sé. A veces me convenzo de que en mi entorno son todos idiotas (es una posibilidad). O a veces me convenzo de que soy rara. En fín, no quiero hablar de eso hoy...

En el primer año, con trece años me enamoré y ese acontecimiento puso de cabeza mi mundo. Era una obseción insana, por supuesto. Tan corrosiva era que incluso atenté contra mi propia vida, por que el individuo, obviamente, no me quería. Ese es el intento de suicidio número uno. No tenía motivaciones en la vida y todo se resumía con que un mocoso de segundo año era la razón para vivir que tenía. ¡Error! ¡Tremendo error!. Y el mal de amores llegó con todo lo que eso significa: llanto doce horas por día, depresión las veinticuatro horas, maquinación de suicidio seis, y escribir cartas que nunca llegarían a su destinatario un par de horas.

El segundo año fué terriblemente peor... Dicen que hay que golpearse la cabeza contra la pared repetidas veces para aprender, pues, eso es lo que yo hice. Me rompí la cabeza contra la pared con el segundo individuo. Lo conté tantas veces que ya me cansa decirlo pero en resumidas cuentas (porque esto es un resumen) el me quería, yo me enamoré, eramos amigos, no me quiso más, seguía enamorada, arruiné una amistad. YYYYYY el mal de amores llegó con todo lo que eso significa: llanto doce horas por día, depresión las veinticuatro horas, maquinación de suicidio seis, y escribir cartas que nunca llegarían a su destinatario un par de horas x 2. Aquí tiene lugar el segundo intento de suicidio y como no quedé conforme -porque sobreviví, obviamente, sino no estaría escribiendo esto jeje- traté con el suicidio número tres. Siempre el mismo modus operandi: cortes. Quería morirme desangrada en algún baño del colegio. Asqueroso y vergonzoso.

Este amor resultó más doloroso que el anterior porque este era correspondido, pero no se puede esperar mucho de un masculino de catorce años y menos que menos, amor. Tiendo a idealizar a las personas, lo he dicho anteriormente y por eso asumí que este me quería con el mismo cariño que profesaba yo.

Ah, en fín, sigamos...

En el tercer año seguía enamorada, pues era compañero mío de clase. No podía evitarlo, porque llenaba mi entorno. Era mi sombra y estaba conciente de mi cariño hacia el porque jugaba conmigo. Si lo tuviera enfrente quisiera decirle un par de cosas, y arrancarle otro par por las humillaciones que me hizo pasar ese año pero ese es otro tema...

Tercer año fue más sosegado que el primero o el segundo pero igual sufría. La ayuda de profesionales en el campo de la psiquis me ayudarón a salir adelante y abandoné mis locas ideas suicidas. Estaba mejorando. Sufría, pero mejoraba.

Hasta que llego cuarto año... Un cambio radical se produjo en mi vida porque cambié de colegio, otro ambiente para olvidarme de mis demonios del anterior... Porque estaba muy cansada y quería paz. No me enamoré de nadie nuevo y la tranquilidad que tanto buscaba -en ese campo- llegó, logrando que el año pase aletargado, lento y aburrido.

Me proyecto en un campo oscuro y con luciérnagas. Pequeños puntitos luminosos. Ahí están mis motivaciones, las cosas que me hacen seguir viviendo. Hay algunas más grandes que otras, y una en particular -que aún no es tiempo de anunciar- se está haciendo cada vez más grande (peligrosamente grande, pero ¡que va!, en el futuro lucharé contra ella) . Si uno se atasca en la cotideaneidad, no hay peligro. Y yo estoy atascada. No estoy lista aún para aventuras, ahora sólo estoy descansando, pero, conociendo a mi espíritu inquieto, querrá más... Querrá despertar.

Pero... Por ahora, no estoy lista para regalar otra parte de mi alma, porque tanto Francisco, como Tomás, inexorablemente son dueños de partes de mi alma. Ellos son, en parte, arquitectos de lo que hoy soy YO. Construyerón mi feminidad, mi amor por el amor, mi coquetería... En parte, me hicierón mujer. Faltan limar asperezas de mí, falta aprender, pero por ahora, no quiero otro maestro. Quizás es porque (auntoestima baja o lo que sea) tengo terror al rechazo. Tengo miedo. Y es que dos experiencias fallidas en este campo me hicierón demasiado cobarde como para decir “la tercera es la vencida”. Hay alguien que amenza con romper esta burbuja pero tengo miedo, porque se que no me querrá (Sip, definitivamente, baja auntoestima). Siempre me imaginé como un mail, al que rebota en el Messenger, no es aceptado en ningñun lado (¡baja autoestima al ataque!) . Obviamente, es un miedo que hay que superar, pero... por ahora, solamente quiero paz...

viernes 9 de octubre de 2009

"Pendejas"

Ahh! Ser joven y hacer tonterías... Como no llego ni a los veinte años y no conozco el resto del mundo, no puedo decir que hay mejor cosa que ser joven y hacer tonterías. Entre amigas, igual de desquiciadas que yo, gritamos en la calle, saludamos a quienes pasan y corremos en círculos persiguiéndonos en las plazas hasta caer en el pasto y contemplar el cielo. Que los adultos se den vuelta del susto al escuchar nuestros gritos, que las mujeres mayores nos miren con reproche, que digan "pendeja", de alguna forma nos rejuvenece aún más. Estamos tan sueltas... Tan libres de obligaciones pesadas, tan exentas del mundo adulto, "con el viento en la cara"... Me hace sentir como si tuviéramos el mundo a nuestros pies, como si fuéramos intocables, aunque tal vez no sea así. Pareciera que con sólo decir "aprovecho ahora que soy joven" o "tengo dieciséis años" fueran palabras mágicas que dan licencia para poner a la torre Eiffel de cabeza; a lo que la gente responde "ah, son jóvenes..." o "dejálas, que son chicas". Que satisfacción contemplar el mundo con los ojos de alguien que es joven y no empezó a vivir y a experimentar todo lo que hay en la vida. Y es en esos momento cuando yo contemplo a mis pares y descubro las pequeñas cosas, las estupideces más insípidas: esmalte descascarado, baños franceses con perfume, lío, gritos, chistes, comida por todas partes y no necesariamente saludable, chicas pegándoles a los chicos... Pequeño, ínfimo, es este mundo de las jóvenes, en verdad, pero lo sentimos como si fuera inmenso. Un día, que está cada vez más cerca, vamos a abandonar este Edén, vamos a ampliar los horizontes y el mundo estará realmente a nuestros pies. "El cielo es el límite", escuché por ahí. Pero... mientras tanto ¿qué tal si aprovechamos, ahora que somos "pendejas"?

martes 29 de septiembre de 2009

Inexorablemente

Inexorablemente. Otra vez esa palabra... Bueno, entonces, inexorablemente me iba a volver a enamorar. ¡Yupiiii!

Sip, otra vez. Y con todo el repertorio: las “mariposas” (odio decirle así a la sensación de ahogarse y de que se revuelve el estómago -de una manera linda, claro- pero no se de qué otra forma puedo decirlo... ¿rinocerontes africanos? Naaaa), la sensación de estar flotaaaanto en la “cursilería” con los ponys, el arcoiris, las flores (como en la publicidad de coca-cola), “el quinto cielo”, la cara de estúpida, miradas soñadoras al vacío, de esos en los que tu entorno se pregunta “¿qué estará pensando esta idiota?” Enamorarse... ¡Fiu! Parece un estado constante mío.

No fue progresivo, no fué por atracción física, no fué por una hermosa amistad que evolucionó. ¿Porqué fué? No tengo la más remota idea. Quizás por una palabra que dijo, o por una expresión. Lo único que me acuerdo de ese “golpe funesto” fue que me sentí perdida, desgarrada, sobrecogida (ninguna palabra es lo suficientemente apocalíptica) y perdí el sentido de la moral.

Bueno, yo tengo la tendecia de idealizar las cosas y a las personas, sobretodo a los amores (cosa que corregiré en el futuro, ahora no porque no tengo ganas). No lo puedo evitar: es la forma bruta que tengo de enamorarme. Quizás ni siquiera es amor, nose que puede ser, “enamoramiento”, “afecto”. No se lo que es pero es algo...

En toda mi vida me enamoré de dos personas y ya me siento bien como para nombrarlas: Francisco en el 2006 y Tomás en el 2007 y en el 2008 (¡si Tom, si estás leyendo esto te quise muchísimo y ahora que estás solitario y medio perdido tengo que decirte que conmigo hubiera sido diferente!). Este blog nació gracias a ellos dos, mis escoltas, mis demonios personales, los que me llevarón a hacer este tipo de catársis (en parte, ¡gracias chicos!, sin ustedes no habría empezado a escribir). Pero ahora apareció otro individuo (que obviamente no lo voy a nombrar), que tímidamente encontró su lugarcito en la platea preferencial de mi corazón, desplazando a los ojitos verdes de Fran y al fanático de los Guns n' Roses de Tom.

Y ahora estoy en un estado constante de felicidad, signo que indica que estoy viviendo los primeros aires de este enamoramiento porque según mi manual, la tristeza vendrá después (¿o no?). Pero, aunque exista la posibilidad de que en el futuro sufra, no me importa. Es que vale la pena... los sueños, imaginar cosas, pensar que esa persona te quiere como vos lo querés, etc., etc.. Quizás es un engaño que me hace la mente, pero, estoy cien por ciento a favor de dejarse llevar por las pasiones. ¡Al diablo la razón! Y ninguna profesora de religión, sociología o psicología me va a hacer cambiar de opinión. Estoy equivocadísima, lo se. Pero tengo 16 años, me gusta hacer estupideces, me gusta... disfrutar en esta burbuja, me gusta pensar que hay alguien que se fabricó explícitamente para mí.

Si despues voy a sufrir, yo digo ¡que venga el dolor! Si es que hay un precio que hay que pagar por esta felicidad preciosa por la que estoy pasando, la pago gustosa y si es todo gratis, si no hay una letra chiquita en algún contrato ¡mejor!. Pero no estoy dispuesta a ser cauta, permanecer en lo conocido, en ser cobarde. ¡No señor! Voy a vivir mi vida a pleno, con sus venturas y desventuras. Y si no me querés, bueno, YO SI TE QUIERO, algún día se me pasará pero AHORA MISMO TE QUIERO.

Esto me suena a un ultimatum ¿verdad que si? En fín, ya era hora de decirlo...

viernes 18 de septiembre de 2009

"Presentando a: Sola y Triste"

Ah! bueno, inexorablemente iba a terminar escribiendo sobre este tema. Siempre caigo en el, o más bien, en ellas: mis amigas tristeza y soledad.

No siempre me visitan y tengo que agradecer que en estas ultimas semanas no me visitaron muy seguido. Pero, según parece, como ahora me visitan menos, cuando sí me visitan, lo hacen con el doble de intensidad y violencia. ¿Se entiende?

Hoy fué un día hermoso: gris, frio (aunque a mi me gustan mucho este tipo de días), pero hermoso por la alegría de que se acerca la primavera que al igual que en las flores, también tiene el poder de florecer en mi, entonces, era inevitable que despertara con más alegría que la de costumbre. Esa alegría extra me ayudó mucho hoy porque cirvió para amortiguar el daño de mis otras dos amigas, lástima que no lo suficiente.

Verán, en el colegio donde estoy se celebra, por parte de los de último año de secundaria, un acto (esto lo supe esta semana, dado que soy nueva en esta institución) por el día del estudiante. Todos estaban contentos, por supuesto, incluso yo pero esa alegría se disolvió cuando inició el acto.

Y ahora es cuando yo me pongo seria y me digo a mi misma “Si, si. Admitilo, no tenés amigos acá.” Esa vocesita dentro mío decía cosas que hasta hoy me estuve negando, que el hecho de que te pidan una lapicera o un lapiz, o que te pregunten que hora es no me hace partícipe de un grupo. Estoy tan sola. Tremendamente sola. Y al sentarme en una fila vacía contemplé a mis compañeras: reían, gritaban, jugaban. Se veían felices. Yo hubiera querido estar con ellas, reirme con ellas pero por más que intente integrarme, no puedo. Y SE EN EL FONDO DE MI ALMA QUE YO NO TENGO LA CULPA. Porque yo traté todo, hice todo lo que estaba en mis manos pero convivo con gente que es egoísta, egocéntrica y sobretodo, cerrada (estos adjetivos se fueron apilando a medida que me ingnoraban). Soy transparente para ellas. Incluso cuando hablo no me escuchan y tengo que llamarlas varias veces para que mi voz viaje por un oído al otro y luego salir al exterior, a las paredes. La pared, por lo menos, cirve para que cuelgen sus dibujos.

Al verlas en sus juegos y bromas sentí que algo dentro mío se rompía pero es la forma que tiene la tristeza de tocar la puerta de mi corazón; y me invadió, como hilos tejiéndose y helándome. Sentí una angustiante y desgarradora tristeza. Y entonces la tristeza corrió la voz y llegó la soledad. Me sentía abandonada, sola y sumamente triste. Cosa injusta, en vísperas de la primavera y del día del estudiante, mi día (si, porque a veces estudio).

Fantasmas de lágrimas amenazaban con salir de mis ojos pero no podía permitirme llorar en ese momento en el que todos estaban contentos, así que me comía en silencio, en la oscuridad del salón de actos (porque yo me encargaba de apagar las luces) rezándo para que se terminen esas actuaciones que estaba disfrutando a medias y que pudiera llegar a casa a hacer catársis como es debido.

Estas situaciones me hacen cuestionarme ¿Qué tengo de malo?, ¿Que hay de diferente en mí? ¿Que es lo que tanto produce rechazo en mi prójimo que resulta imposible tratar conmigo? No estoy dispuesta a cambiar como soy, no sólo porque no quiero, sino porque no puedo hacerlo pero no puedo evitar gemir y pensar en lo sola que estoy en este ambiente lleno de colores. Porque este colegio es así: lleno de colores y risas. Yo me siento como lo unico monocromático ahí, como algo aparte, algo que no corresponde. Un anexo. Si, así es como me sentí en ese momento: como un anexo, alguíen que presta lápices o lapiceras (que idiota, como si con eso me las fuera a ganar) y sin siquiera saber como me llamo o por lo menos como es mi apellido.

Como esto es pura y exclusivamente para catársis entonces simplemente digo lo que quiero drenar de mi: me siento sola y triste.Tan sola y tan triste...